jueves, 20 de septiembre de 2007

Soñar gestando


A mi madre, a mis hijos

“Ese diminuto ser que llevas dentro cambiará toda tu vida a partir de ahora”.

Intensas vivencias relativas al embarazo son ilustradas a través del análisis de los sueños de pacientes embarazadas que se hallan en procesos terapéuticos. Para el o la terapeuta, analizar los sueños de una paciente gestante se constituye en la oportunidad de transitar por otra vía regia al inconsciente, no sólo de la paciente misma, sino incluso de ese ser humano en gestación y, por supuesto permite un acceso, vía la elaboración de la contratransferencia, a lo inconsciente del o la terapeuta, quien deviene en testigo de excepción de una condensación altamente vital y creativa.,

Gracias a este soñado evento, a modo de matriz, y elaborando limitaciones de índole temporal, encuentro ¡por fin! espacio para compartir algunas reflexiones respecto a una situación que me ha sorprendido e inquietado al vivirla como paciente y como terapeuta. Me refiero a la circunstancia en la cual la paciente se embaraza en el transcurso de un proceso terapéutico y aquella otra en la cual la terapeuta atiende estando embarazada. Esta última condición, puede formar parte de lo que M. C. Ramos (1999) llamó “avatares del analista”. En ese artículo, la autora abordó situaciones apremiantes por las que atraviesa el o la terapeuta y que pueden comprometer su capacidad de pensar y funcionar analíticamente, como por ejemplo, un problema de salud o una enfermedad de consideración. Estando yo misma enyesada, tomé contacto con dicho artículo que contribuyó a sostenerme, no sólo con las muletas, sino intentando conservar esa capacidad de pensar cómo al otro le afecta lo que percibe de su terapeuta y qué podía hacer/pensar yo misma con ello, yendo más allá de una incapacidad física. En estas condiciones, estar enyesada o estar embarazada, aspectos concretos de la terapeuta, se muestran y ostentan más allá de la tradicional reserva en la línea de la neutralidad.

Ha pasado mucho tiempo desde que Freud planteó que el psicoanálisis estaba indicado o restringido para las “neurosis transferenciales”. Diversas condiciones clínicas y existenciales acceden y reclaman ahora escucha e intervención psicoanalítica. El embarazo de la paciente, e incluso el de la terapeuta, no constituye una contraindicación para el encuentro analítico. Más aún, puede resultar una oportunidad extremadamente propicia para el sostenimiento, la elaboración y el alumbramiento; pero no siempre el o la paciente toleran la situación y no siempre la terapeuta puede continuar atendiendo. (Los sueños pueden facilitarlo, en tanto constituyen un acceso útil al conflicto inconsciente, las defensas, fantasías, transferencias.)

En el caso de la terapeuta embarazada con su paciente, el desafío a mantener un sostenimiento y una función analítica se constituye en un gesto reparativo de gran trascendencia: situación privilegiada para analizar aspectos pre-edípicos y edípicos, por doquier. Gesto reparativo desde que son situaciones en las que, en el sentido más concreto, la pareja analítica recibe temporalmente a un tercero (inquilino, intruso o incluso parásito, producto, cuerpo u objeto extraño, como se quiera llamar), por quien, además, el proceso se verá interrumpido en algún momento por algún tiempo, a causa de la separación de ese tercero, para luego volver a ser dos, pero … nada volverá a ser igual. La realidad ha irrumpido e interrumpido quebrando y propiciando, por ejemplo, fantasías narcisísticas de ser único o de estar inmerso indefinidamente en una relación especular (Kohut, 1989).

La riqueza de la relación terapéutica descrita en el concepto de “campo”, acuñado por los Baranger, se acerca a dar cuenta de la amplitud e intensidad de la vivencia para ambos componentes de la pareja terapéutica. Ni qué decir, entonces, cuando uno de los miembros de esta pareja está gestando. En esta ocasión, vamos a centrarnos en la paciente embarazada. ¿Podríamos decir que el proceso de embarazo se constituye a su vez en una vía regia al inconsciente? ¿De quién, de la paciente, del o la terapeuta, o ambos?

En estas situaciones, ¿qué gesta el o la terapeuta, testigo de excepción del proceso? ¿Cómo afecta al bebé en formación la experiencia terapéutica de su madre con él dentro? ¿Es ésta una tempranísima intervención a la manera de una psicohigiene, como diría R. Soifer (1977), en tanto favorece una mejor relación entre ambos?

El hecho de que la vida intrauterina pueda ser cada vez más explorada no nos priva felizmente de un sinnúmero de cuestionamientos. Actualmente no sólo se ven imágenes a todo color del bebé en gestación, sino también fluidos en sangre, lo que permite evaluar cuánta sangre bombea el corazón, por ejemplo, a través de un Doppler; o también evaluar edades gestacionales precisas a través de la antropometría de los primeros trimestres del proceso.

¿Qué papel le corresponde a los sueños en estas circunstancias del proceso? Los sueños integran los aspectos regresivos, reactivados por el embarazo y por la transferencia, junto con los aspectos elaborativos, a partir de una noción del sueño como vía regia al inconsciente y como creación o producto analítico. La paciente sueña, gesta el sueño podríamos decir, y al narrarlo en sesión explicita la participación de la terapeuta y del proceso como matriz de ese sueño, puesto que no es lo mismo soñar en análisis que fuera de él. Como decía H. Bleichmar (1997), “se come para mamá” (p. 196), ¿se sueña para el analista? Nos preguntamos, entonces. El sueño como producto, “regalo” transferencial y elaborativo, atenúa la exclusión que sufre el tercero (el o la terapeuta) en esta nueva situación de la pareja analítica, que refleja asimismo la exclusión del esposo-padre. A través del sueño, además, pueden “drenarse” ansiedades (por ejemplo, persecutorias en el primer trimestre o depresivas en el último) y ambivalencias respecto a las diferentes fases del embarazo.

R. Soifer se refiere a una percepción inconsciente del proceso con reactivación de fantasías persecutorias. (p 28) Por ejemplo, respecto a la percepción de “la nidación como un acto agresivo por parte del huevo fecundado hacia la mucosa uterina” (Soifer, p. 26), el siguiente sueño muestra defensas primitivas de negación e idealización y a la vez una temprana percepción inconsciente de la situación, puesto que la paciente aún “no sabía” que estaba embarazada. Se trata de una joven de 25 años, casada, en su segundo año de proceso terapéutico, con una frecuencia de tres sesiones por semana, derivada por el esposo, quien atraviesa por una larga experiencia analítica. La paciente consulta por dificultades en la relación con sus padres y proviene de una familia disfuncional cuyos miembros, a excepción de ella, presentan un historial de adicción.

La paciente dice:

“Soñé que estaba encinta. Era maravilloso. No ¡qué nervios!, sino ¡qué lindo!. Al comienzo no lo decía. Después me felicitaban.”
Siento que voy a caer próximamente encinta. ¡Era un sueño tan lindo!
Tres días después, ella misma sueña que:
“Buscaba ropa en una tienda, vestidos anchos para embarazada”
Nueve días después, es decir, doce días después del primer sueño, la paciente anuncia que estaba encinta. El día anterior se hizo análisis de sangre. Se siente muy sorprendida y desconcertada.

Otra paciente T al parecer intuye y sueña daño fetal de una de sus dos bebés:

“Yo estaba embarazada de A y S (gemelas) y esto es antes de que supiera que A no vivía. Sentía pataditas, aunque eran sólo de S. Mi mamá vino de viaje y por eso sé que era fines de noviembre.”
“Vi en mi sueño un laberinto, como esos de ratones de laboratorio, pero con paredes altas. Vi a una mujer ya adulta, como de 20 a 25 años, alta, era mi hija, rubia más clara, pelo corto, ondulada, en posición fetal, sentada en el piso, con miedo, llorando y meciéndose. Creo que no estaba bien de sus facultades mentales, algún atraso tenía, lloraba y lloraba. Era raro porque un adulto se pararía y buscaría la salida, aunque era un laberinto muy grande.”
Al despertarme estaba confundida. Sabía que era mi hija. No sabía por qué estaba sola. Era como una premonición. Le dije a mi mamá “qué feo que le pase algo malo a alguien” Esto fue antes de saber que A estaba muerta. Creo que ya había pasado pero no lo sabía. A estuvo como un mes muerta dentro de mí, de seguro más de 3 semanas. Creo que ya había pasado pero no lo sabía. Me incomoda pensar que sabía más de lo que sabía. Sin saber fui al doctor y pidió una ecografía y se vio que solo vivía una. Fue muy feo, … era el sexto mes, ya a principios de enero.”

En los sueños, se expresa también ansiedad y ambivalencia asociada a la incapacidad de controlar los cambios físicos y emocionales del embarazo, lo cual es común en la mujer embarazada. Se trata de temáticas ligadas al cuerpo que se transforma, recordemos que el Yo es ante todo un yo corporal, y, por ende, urge elaboración. El sueño de arreglar la casa y sentirse ella misma fea, demandando arreglo en la transferencia, ilustra esta situación en el segundo mes de embarazo de la primera paciente mencionada.

Dice así:

“Entrábamos a una casa nueva, vacía que la estaban trabajando, enorme, frente a mi colegio. No me gustaba la zona, pero era enorme con un jardín adelante con piscina. Pero yo antes le decía a J “qué pena que no tiene piscina”, pero yo no estaba segura. Yo le indicaba al carpintero y arreglaban al toque. De la puerta principal se veía al fondo: hall, dos salas, jardín grande, amplio. Le decía acá podemos hacer el bautizo, en el jardín. … Yo medio desencajada. Veía fotos y me veía en mis épocas más fea, en el cole, gorda, fea. Me angustiaba y alucinaba en el sueño. Me pelaba fuerte con E (amiga) como dos niñas. Me desperté con angustia.”

La nueva casa alude no solamente a la matriz alojando al nuevo ser, sino las modificaciones físicas en su cuerpo que crece, que pueden hacerla sentir gorda y fea. En su mente requiere suplir carencias (la piscina, la zona desagradable) y conflictos (arreglos) de parte de una terapeuta-carpintero.

Aparecen también temáticas ligadas al self y la identidad a partir de ansiedades ligadas a la confusión entre tener un bebé y ser un bebé así como temáticas sexuales, en tanto el embarazo evidencia la actividad sexual, como se mostrará más adelante. Es interesante cómo desde el latín, el término hospes, se traduce en el diccionario como “huésped, ya el que hospeda, ya el hospedado; viajero, extranjero, forastero”. (De aquí deriva hospitalario, hospedaje, hospicio.)
Dice S. Luria (1994) en su artículo “La utilidad de los sueños durante el embarazo”:

“… los sueños que tiene una paciente de análisis durante el embarazo ofrecen una perspectiva de gran valor para comprender y facilitar el dominio de los desafíos del desarrollo del embarazo, de los conflictos relacionados no resueltos y de problemas de desarrollo anteriores. Y la conciencia incrementada de lo que está ocurriendo durante dicho período dan un significado, impacto y riqueza adicionales a los sueños que se tienen durante el embarazo e incluso, aún más, a los sueños que se tienen durante el embarazo mientras se está en el proceso analítico, con sus elementos regresivos y de búsqueda interna. (Kestenberg, 1976) Por lo general, esto resulta en un aumento en la cantidad y calidad de los sueños que ofrecen un potencial importante para crecer y volver a trabajar temas profundos y dificultades no resueltas.) Asimismo, durante el embarazo, las pacientes se sienten, por lo general, altamente motivadas a resolver los problemas antes de que el bebé nazca…. Greenberg et al. ponen énfasis en el aspecto adaptativo del sueño y ubican al sueño en una posición central en la participación en nuestros esfuerzos constantes por dar sentido al mundo y al impacto que tienen los sucesos en nosotros.”

Si los sueños se registran por escrito en el setting, puede transmitirse más claramente la función analítica y terapéutica, favoreciéndose el desarrollo de la alianza terapéutica, más aún en tanto se muestra también una expectativa de cuán bienvenidos y útiles son los sueños, verdaderos artífices del trabajo interpretativo en un vínculo de genuino sostenimiento. No se descarta, sin embargo, que para algunas pacientes o en algunos momentos, la trascripción de los sueños pueda ocasionar resistencias, como cuando la paciente comenta: “De niña yo escribía mucho, tú también. Ya no escribas. A mí me salió un callo”, con evidente alusión al callar.

Muchos temas pueden soñarse, desde que todo puede soñarse. Las ansiedades y ambivalencias naturales propias de los intensos cambios originados por la embarazosa situación, de la cual no hay tregua ni desembarco, salvo por la interrupción irreversible del proceso gestacional, encuentran en la vía onírica una alternativa de expresión y eventualmente de elaboración, para disminuir así los riesgos de actuación.

La paciente trae el siguiente sueño:

“Soñé que me salía un montón de sangre. Yo estaba así (gesto de piernas abiertas) ante el espejo de mi madre, mirando mi pichi o tocándome, y en eso me salía un chorro de sangre. Mi papá se preocupaba y limpiaba las alfombras. Mi mamá dormía. Yo llamaba al doctor y no me contestaba la secretaria a pesar de era una emergencia. Después el doctor decía que era normal. Yo colgaba el teléfono y pensaba en llamarte.”

El contenido de pérdida y desprotección referido a la historia personal y a los vínculos tempranos, la llevan a una búsqueda transferencial que impida la pérdida del bebé y que contenga a ambos.

Por eso decíamos “drenaje”, es decir, facilitar una vía de expresión, contención y análisis de ansiedades de pérdida y actitudes abortivas, a partir de tempranas identificaciones con una figura materna sumamente precaria. Carencias y conflictos son así reactivados y los sueños se reafirman como vía regia al y del inconsciente en aras de una menor actuación y somatización. En este sentido, sueños ¡adelante! y bienvenidos sean pues protegen a la paciente, a su bebé y al proceso, tanto el gestacional como el terapéutico.

Fantasías sobre la pubertad y su adolescencia se reactivan en embarazadas, a partir de la semejanza de los cambios fisiológicos en uno y otro momento vital.

La paciente confunde diversos fluidos que excreta, expulsa o proyecta. Si bien en lo manifiesto se refieren a pérdida, la ansiedad y la defensa parecieran corresponder más bien a una posición persecutoria. Dice la paciente:

“Soñé que había ido al baño y al limpiarme después de la pila, salía como una cápsula en forma de útero con un bebito y una placenta. ¡Perdí al bebé, lo veía!”
Me levanté, fui al baño, hice pila, tenía gases. El doctor me había dado una dieta líquida porque tuve diarrea. Me asusté por perder al bebé. Todavía no estoy segura del bebé. Tengo 3 m y 3 s. En la noche tengo miedo y no puedo dormir. Tengo miedo de no seguir la dieta y seguir con diarrea. Después tuve sueños morbosos. J y yo estamos cariñosos pero sin sexo, porque eso sería un ataque para el bebé.
En otro sueño, yo estaba con el chico con el que fue al baile de promoción mi hermana. Segunda vez que sueño que me acuesto con él. Me lo encontraba no sé dónde y teníamos relaciones.”

Psíquicamente, hay confusión entre el bebé (encapsulado) y el cilindro fecal, entre la diarrea y la expulsión del bebé y ella misma anota cómo aún el bebé no está emocionalmente anidado. Ante estas ansiedades, su defensa la lleva a fantasías eróticas con otros sujetos, mostrando algún nivel de identificación parcial con aspectos promiscuos de la madre.

Analizar sueños durante el embarazo se presta (obviamente) para elaborar aspectos de la conflictiva personal en el orden de lo pre-edípico y lo edípico, en la riqueza del vínculo terapéutico. En este sentido, la paciente expresa sus ansiedades o resistencias a la penetración tanto genital como interpretativa, puesto que confunde y teme, identificada con el bebé, verse invadida y agredida por una escena primaria intrusita y perversa.

La paciente trae el siguiente sueño que ella califica de “Muy pasional, no?:

“Estaba mi amiga encinta. En un desfile yo desfilaba con un vestido morado y verde y un abrigo de mink, en el jardín de mi abuelita. Había un tipo súper churro. Yo me veía en la película muy mal, asquerosa, mi nariz enorme, pelo asqueroso, conversaba con el pata mirándonos a los ojos. Le decía al pata “Bésame” pero él decía “Ahí está mi esposa”.
Después había un incendio y salíamos al agua de la piscina para salvarnos y para apagar un incendio. Había un caos, mi hermana, mi papá. Ya no recuerdo más.
Mi abuela es como mi mamá: un O a la izquierda. De las dos no hago una.”

Es como si la paciente se sintiera abrumada por una historia de figuras maternales fallidas, insuficientes para enfrentar muchas responsabilidades. Se plantea una transferencia de salvataje y que O, Olinda, no sea un cero (0) a la izquierda. Transmite una sensación caótica, dispersa, sintónica con su realidad de venir de una familia disfuncional, en la que las adicciones e incluso la promiscuidad han estado significativamente presentes, desde la infancia de N. En la transferencia, N busca incluso un criterio de realidad en su pregunta inicial. Éste no es el único sueño en el que aparecen escenarios caóticos y una conducta que ella misma desaprueba. Muestra los miedos de la paciente ante el legado familiar de adicción.

En la contratransferencia, la terapeuta se percata de que el 0 coincidía con la inicial de su propio nombre. Esta confusión, que reedita aspectos de la paciente y sus objetos, es implementada en una elaboración transferencial.

La paciente muestra su miedo de replicar el estilo de vida, adictivo y promiscuo, de su entorno familiar. Así, el siguiente sueño ilustra nítidamente esta angustia en base a su historia temprana:

“Soñaba que iba al ginecólogo, parecía el consultorio del ginecólogo antiguo. Era un cuarto grande con camilla al medio. Era un doctor alto, con el pelo con rulitos. Era como si ya había dado a luz, mi calzón estaba sangrado. El Dr. no parecía Dr., era un coqueto. Se iba y regresaba y detrás venía mi mamá y mis abuelos. Me decían que me deje revisar y les decía que ya, que me revisé.
Afuera había cola, parecía la embajada. El Dr me quería dormir para tirarme con éter. Yo le decía no, no, no, la próxima vez. Yo pensaba qué sentido tenía tirarme dormida y pensaba si me dolía con la herida.
Cuando me ponía mi sostén, entró otra vez y quiso tener relaciones sexuales y las tuve. No me dolía, al contrario, normal.” Al despertarme vi a J viendo porno.
Tengo angustia de tener relaciones sexuales encinta. Ahora las tuve y no disfruté. Vi la película del bebé que habla y se afectaba durante el embarazo.
Tenemos miedo de ser papás, nosotros tan dos, tan pegados. El (el esposo) está cagado, porque me hace pataletas. Aguantaré al bebito.

Se aprecia la identificación proyectiva, la erotización perversa del vínculo (con el doctor), propuesto o facilitado por la estructura familiar. Su sentido crítico cuestiona la pertinencia del anestésico en función del coito con el ginecólogo, mas no la relación sexual misma con éste. Cabe reflexionar a qué herida se refiere la paciente, pues hay también otra herida y otro dolor narcisísticos, a partir de repetir la pauta familiar compulsiva de promiscuidad y adicción, a pesar de sus intentos y logros conscientes de diferenciarse.

El parto es un desprendimiento, un desgarro, es nuestro primer gran viaje, nuestra primera gran separación, imprescindible para continuar o empezar, si se quiere, viviendo. Resuelve la fusión inicial de identidades, tanto a nivel físico como psicológico. El estrecho canal de parto nos lleva a la luz y al exterior, nos saca de las tinieblas, por el lapso que dura nuestra vida … Curiosamente, la muerte es representada también por otro gran viaje, una visión de túnel y una luz al fondo.

La paciente se va preparando para esta experiencia desde el “Ayer me soñaba en posición de dar a luz” hacia otros sueños de mayor intensidad, como lo veremos más adelante.

El parto representa una pérdida y un alivio, como toda terminación, incluso la del proceso terapéutico y la de la propia vida. Su proximidad nos acerca a la noción de “término” respecto a diversos aspectos del análisis y de la vida, junto con una sensación de “urgencia”.

La paciente anuncia con entusiasmo que trae un “Sueño de antología”:

“Soñaba que me iba, que llegaba a la casa de mi mamá. Tocaba el timbre, me abrían y el edificio estaba en ruinas, como si hubiera caído una bomba. Subía a pie, todo negro, con las justas se subía.
Era un hospital, con perros, todo asqueroso. Mi hermana estaba dando a luz. No sé qué era el bebé. Yo paseaba. Yo también iba a dar a luz ahí. Parecían oficinas. Eran los pasadizos, las camas. Veía a C (amiga) que iba a dar a luz y me decía “Tú vas a dar a luz bien fácil porque te drogas” (La paciente en realidad no lo hace, sino sus padres y esposo) Yo me molestaba.
Llegaba a emergencia una camilla que sonaba y soltaba sangre. Mi hermana veía y decía que el bebé estaba muerto. Me señalaban dos bebés: uno normal y el otro como embrión y así era o iba a ser mi bebé. Después yo daba a luz y lo primero que hacía era ver si era hombre o mujer. Lo tocaba y era hombre, tenía pipí.
Fuimos a otro sitio con los bebés. Mi bebé ya era mujer y era linda, dormía mucho y era enorme.
Después es época de colegio y estoy con un ex enamorado. También están mis amigas. Nos bañábamos con manguerazas de bomberos (ríe). Toda el agua se iba como una ola a la pared y le bajaba el pantalón al pata y le coqueteaba.”

El proceso de separación-individuación de ambos miembros de la díada madre-infante abre paso a nuevas ansiedades a elaborar. Aspectos confusionales y violentos se presentan desde el inicio del sueño tanto en las acciones, personajes, escenarios como respecto al self de la paciente y la condición del bebé (normal o embrión, vivo o muerto, hombre o mujer, fálico o castrado). La movilización de estas escenas genera nuevamente desenlaces eróticos trasgresivos.

Es frecuente algún sueño en el que el o la terapeuta fungen de parteros, permitiendo y facilitando un alumbramiento que, en diversos planos, se acerca a la expresión: “Parirás con dolor”, como dice la Biblia. (Soihet, 1977)

La paciente comenta y narra el siguiente sueño:

“Mi amiga se adelantó y tuvo su bebé y me contó del parto. Le dolió pero … cómo será, cómo saldrá el bebé, … cada vez está más grande. Cómo será el parto, ya quiero dar a luz, qué nervios y qué emoción. Cómo puede haber un bebé adentro.
“Soñé que yo daba a luz, pero no era yo, sino mi padre daba a luz y nacía yo. Era yo que nacía, igualita a mí, toda pecosa. Estaba J (esposo) el doctor y tú. Veía igualito la posición de parto y que salía y yo veía como si fuera el bebé cómo se salía, como la película del bebito que habla. Después yo me veía de 3, 4 añitos, igualita a mí, era mi hijita y yo estaba ahí. Tenía una hija mujer.” Mi falta de madre, ni para darme a luz está y también mi falta de padre.

No sólo las ansiedades sino también las fantasías y expectativas son representadas en este sueño. La paciente se pregunta, verdaderamente sorprendida, “cómo puede haber un bebé adentro”. La confusión entre el self de la madre y del bebé, en el sentido de hospes es evidente también a nivel de la madre y el padre. Éste es nuevamente colocado en el lugar de la madre en posición de parto, castración mediante, en su intento de rescatarlos y proveerse de ambos. Al verse fusionada con la hija, ya de 3, 4 añitos, entonces se infiere la supervivencia de ambas al parto, aunque sin haber pasado por el proceso de separación-individuación lo suficiente. Finalmente, remarcar la falta de los padres denuncia y encubre las suyas propias. Ante este panorama, el esposo, el médico y la terapeuta transferencialmente han de asistirla en el parto.

El término del proceso y la proximidad del parto originan ansiedades concernientes a si se podrá cuidar al bebé. Los tres -paciente, terapeuta y el mismo bebé- se enfrentan a esta tarea: separarse para sobrevivir. La preocupación maternal primaria descrita por Winnicott se transmite en cadena, la terapeuta respecto a su paciente, joven y futura madre, y ésta respecto a su bebé. Necesitaríamos el registro de los sueños contratransferenciales de la terapeuta-partera-abuela-comadre quien puede requerir naturalmente de su propio espacio terapéutico y su supervisión.

La paciente faltó el viernes, por resfrío. Se hizo su ecografía y ya sabe que es mujer. No quiere salir de la casa ni del cuarto.

Se le señala que ahora siente angustia de separarse del bebé, así como de su terapeuta. Oscilar entre el continuo claustro-agorafóbico requiere ser tolerancia y elaboración. Su temor al parto la lleva a implementar defensas retentivas prefiriendo que su bebé permanezca protegida en su interior.

En esos días, la paciente está muy angustiada. El doctor la tranquiliza. Le dice que todo es natural y no hay que culparse. Narra el siguiente sueño:

“Iba a un matrimonio. Estaba encinta y contenta. Estábamos mi suegra, J (esposo), yo y L (el chofer) en el auto y le faltaban dos llantas o estaban desinfladas.”

Ella teme cómo será su bebé, cómo estará, qué le faltará, teme transmitirle sus dificultades. “Un auto sin llantas no camina”, un bebé sin padres no se crea siquiera. Ella y su esposo están presentes, su suegra y el chofer; el médico y la terapeuta, los pechos no han de estar ausentes para que ese bebé se alimente.

El puerperio de la paciente embarazada transita usualmente durante la interrupción de las sesiones.

“Mi hermana venía de viaje, toda ingenua, sufrida, nahif. Yo le preguntaba por su hijito. Lo habían dejado allá con E, la empleada de allá. Eso es opuesto a como ella es en realidad. Éramos más chiquillas y yo no estaba encinta. Ahora ambas lo estamos.
No me provoca nada de relaciones sexuales. Tengo dolor, como si me perforara adentro, mucha incomodidad. Estoy enorme, gorda, sólo puedo estar de costado. Mi barriga nos separa. Me da nervios que le pase algo al bebé. Solo tenemos cariño y sexo oral.”

Propone bajar la frecuencia de las sesiones, como si 3 sesiones fuera ir más profundo y dañar al bebé, proyectando en éste una escena primaria dañina, lacerante. La tarea que siempre tenemos con N es distinguir una sexualidad violenta e intrusiva de una integrada con el afecto y el cuidado. La alusión a la barriga que “nos” separa se refiere tanto a la relación con el esposo –próximo padre- como a la relación transferencial.

Una tercera paciente, en un segundo embarazo muestra sus dificultades de vínculo, sus aspectos narcisísticos y la confrontación con la indefensión vivida como desamparo mientras las sesiones se interrumpen. Ella relata:

“Soñé que tuve un bebé bien feo, hombre, feísimo, con manchitas en la cara, yo sufría porque no lo veía. Estaban dos bebes juntos, C (hijo mayor) y éste. Me desesperaba porque no lo podía ver. Quería verlo más porque así lo vería más bonito. Me desesperaba por verlo más y sólo lo veía una vez por semana. Lo veía solito, tiradito en un moisés. Yo corría como si estuviera muerto. Como que me olvidaba que tenía el bebe, me acordaba y corría a verlo. No sabía quién lo tenía ni quién lo atendía.”

Se percibe una condensación entre la separación, el abandono, el desamparo, la muerte, es decir, diversas formas de distanciamiento respecto al bebé y la terapeuta.

Agregaremos, finalmente, que la paciente dio a luz, a término, a una bebé saludable, inició la lactancia y cuidado del bebé, aunque con una niñera, contratada por la suegra, a cargo de la situación, de alguna manera, de ambas.
Resumiendo, podríamos decir que, los sueños en embarazadas constituyen una especial vía regia al inconsciente y reportan vivencias de varias fuentes:
- las que corresponden a ansiedades, ambivalencias y fantasías ligadas a los cambios del embarazo en sí,
- conflictos y carencias reactivados, ligados a la pubertad, adolescencia, relación con la madre en dinámicas pre-edípicas y edípicas,
- temores respecto a diversas formas de transmisión de la propia patología personal y familiar,
- temores respecto al parto y a la común subsistencia separadamente,
- temores respecto al ejercicio de la maternidad y el cuidado del bebé,
- relación transferencial, a través de la cual elaborar lo anterior, a partir de la díada y de la inclusión del tercero. La envidia, por ejemplo, requiere evolucionar hacia un rol reparativo y confiable. Envidia no sólo respecto a la propia figura materna, sino también respecto al bebé que antes de nacer ya es atendido cuidado a través de la terapia de su madre.

Estos sueños no sólo permiten una mayor comprensión y elaboración, sino que afianzan la alianza terapéutica y permiten una mayor contención y protección de actuaciones de riesgo. Se propone que la preparación previa al parto incluya un trabajo (individual o grupal) de interpretación de los sueños.


BILBIOGRAFÍA

Aray J. El aboto, un estudio psicoanalítico Monte Avila Ed., Caracas, 1992
Chasseguet-Smirgel J., La sexualidad femenina Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 1999
Bleichmar E. La sexualidad humana Ed. Paidós, Barcelona, 1998
Dolto F. Sexualidad Femenina Ed. Paidós, Barcelona, 1984
Kohut H. Análisis del self Ed. Amorrortu, Bs. As., 1989
Langer M. Maternidad y sexo Ed. Paidós, México, 1994
Lester E. y Notman M., Embarazo, crisis de desarrollo y relaciones objetales: consideraciones psicoanalíticas
Llanos, J., La mala entraña en Somos de El Comercio, Año XX, 1070, 09-06-07
Luria Ablon, S., La utilidad de los sueños durante el embarazo en Int. Journal of Psycho-Analys (1994) 75,291
Ramos M. C. Los avatares del analista en Revista Peruana de Psicoanálisis, N° 1 Lima, 1999
Siquier de Ocampo El síndrome de la niña púber Ed. Paidós, Bs. As., 1986
Soifer R., Psicología del embarazo, parto y puerperio Ed. Kargieman Bs. As. 1977
Soihet S., Esperando un bebé Ed. Inti Sol, Lima, 1977
Trad P., Adaptación a las transformaciones evolutivas durante las diversas fases de la maternidad
Weldon E. Madre, virgen, puta Ed. Siglo XXI, Madrid 1993
Winnicott D. W. Realidad y juego Ed. Gedisa, Barcelona, 1979
Everest Diccionarios, Diccionario Cumbre, Ed. Everest, España 2001

Presentado en el CONGRESO DEL CPPL 2007: “VIAS REGIAS AL INCONSCIENTE”

domingo, 20 de mayo de 2007

La personalidad del estudiante de Psicología

Un punto útil de inicio podría ser preguntarnos ¿por qué elegimos la Psicología como carrera? Porque nuestros amigos en el colegio nos contaban sus problemas, porque se supone que nos gustaba escucharlos e incluso aconsejarlos; o tal vez porque teníamos problemas y no estábamos en condiciones de decidir entre estudiar Psicología o buscar una terapia; o porque nos acostumbramos a observar a la gente de nuestro entorno, acaso desde una postura un tanto tímida; o porque más bien éramos desenvueltos, sociables, líderes y persuasivos, como lo señaló algún test vocacional; o porque no nos decidíamos por otra carrera, que fuera de Letras, porque de Ciencias y Matemáticas no parecíamos muy talentosos; o porque queríamos curar y aliviar, ser como médicos y doctores, como probablemente lo es o lo era algún familiar o adulto allegado a la familia …

Podemos hacer un listado de características o atributos deseables para un estudiante de Psicología, desde ser observador, ser curioso de lo humano, motivado a trabajar con gente, sensible, con disposición o capacidad para ser empático, (VER Selecciones o Coderch) es decir, para colocarse en el lugar del otro, imaginándose estar en el lugar del que atraviesa una experiencia o se refiere a ella. En alguna medida, se trata tal vez de un sujeto más bien pensativo, en tanto es más bien observador, tal vez introspectivo, lo cual no quiere decir, serio, aislado o melancólico. Volviendo a esto de la empatía, decíamos “ponerse en el lugar del otro”, éste no es un atributo para nada sencillo pues supone por un instante desprenderse de uno mismo, como salirse de uno mismo, por un momento, para sentir y ver las cosas desde la perspectiva de la otra persona o de las otras personas, tratando de comprender al otro desde el otro mismo, y todo ello conservando nuestra mismidad, es decir, no dejando de ser nosotros mismos.
En este sentido, también requerimos tolerar el dolor ajeno cercano, aunque ajeno, cercano.

Estar dispuesto a ser un investigador, desde uno mismo, explorarse internamente, conocerse y reconocerse. Estar dispuesto a la búsqueda de la verdad el resto de la vida.

Estar abierto a lo social en diversas esferas y alcances, en una actitud de servicio.
Estar abierto al trabajo mutidisciplinario y a la investigación cuanti- y cualitativa de diversos fenómenos psicológicos.
Necesitamos desarrollar destrezas para discernir qué es posible, qué es deseable y qué es urgente modificar o sobre lo cual intervenir, independientemente del tipo de Psicología que se trate nuestra especialidad: clínica, educacional, organizacional o social.
También es preciso tolerar la frustración de respetar las decisiones y limitaciones del otro (paciente o cliente).

Poder tolerar el no-saber, la confusión, el desánimo, el miedo, la sensación de derrota, incluso el no agradecimiento. (como Mary Poppins)
Poder tolerar formas de violencia manifiestas y otras veladas, francos ataques a nuestra persona, personajes nuestros, espacio de trabajo, sino a nuestra “capacidad de pensar”.

Poder sostener emocionalmente a una persona o grupo incluso, cuando se siente indefenso con la sensación de estar en peligro de caer, como caída libre.
Poder atender y estar listo a percibir no sólo con lo sentidos sino con toda todo nuestro interior, percibir no sólo al otro sino lo que el otro me produce, confiando en que algo pueda entenderse y luego implementarse.

Poder tolerar vivencias tipo “terror sin nombre”, profundas angustias indecibles (viñeta) para lo cual el apoyo terapéutico del estudiante, o ya del profesional, resulta imprescindible, además de constituirse en el espacio didáctico por excelencia.


Alguien podría decir pero por qué esta elección, esta tarea tan delicada o frustrante, o nociva o incierta? Cuando uno puede dedicarse a otra actividad más interesante, sencilla, gratificante y remunerativa? En el mismo campo de la Psicología se habla actualmente de una Psicología Positiva incluso …
Es que simplemente no hay lógica, en todo caso no la lógica de la vida diaria, concreta y razonable. “El corazón tiene razones que la razón misma ignora.”

Uno se enamora de nuestra profesión. Al final de nuestra adolescencia, si la pensamos evolutivamente y no como un estado, tenemos la tarea supuestamente, de efectuar dos grandes elecciones que, aunque posibles de modificación posterior, elección de pareja y elección vocacional. Ambas elecciones suponen, si me permiten decirlo en terminología freudiana, investir libidinalmente, catectizar, aquellos objetos y establecer ligaduras afectivas internas y poderosas, haciéndolos “nuestros”, apoderándonos de ellos, y en términos winnicottianos, desplegando un espacio cómodo, aunténtico y creativo, con la fantasía de que con nada ni con nadie nos sentiríamos mejor, más a gusto. Algo nos lleva a imaginar que “otra cosa no podría haber hecho”, “otra actividad …, no”

Nos enamoramos de nuestra profesión, decíamos, o de nuestro oficio y nos sentimos realizados y experimentando instantes de felicidad. No se trata sólo de interesarse por un tema, buscar y leer ávidos, con curiosidad, sobre él. Se trata de estar contactados y abiertos a las conexiones que con él se produzcan, en cualquier circunstancia que experimentamos las 24 horas del día, es decir, soñar dormidos y despiertos con aquello. Fascinarnos al encontrar cómo nuestro inconsciente y el de otros se revela y ¡zas! Se nos produce un insight, un descubrimiento (viñeta) que aunque nos traiga una desazón a la vez nos explica y así nos calma. Es más que gusto o vocación, es apasionarnos (ver definición) tanto que luego puede ser necesario distinguirlo de la adicción del workaholic en la que podemos incurrir cuando ya no podemos observar, sentir y pensar respecto a nuestra tarea, y caemos en un trabajo rutinario. ¡Cómo, si es con personas siempre únicas y diferentes! Y en ocasiones “a destajo” y narcisísticamente tentador: ¿somos “salvadores” o “intérpretes” de algo que ni nosotros comprendemos en nosotros mismos?”
.
Me pregunto si todas las profesiones requieren pasión y entrega “por gusto”. ¿De dónde se alimenta esta ligazón? Se ha señalado que buscamos reparar a nosotros mismos y a nuestros objetos dañados. Reparar desde M. Klein sería el proceso de cuidado que deviene luego de acceder a la posición depresiva en la que experimentamos culpa por haber dañado en nuestra fantasía al objeto por efecto de nuestra agresión destructiva y nuestra envidia. El objeto “sobreviviente” requiere una reparación y un cuidado de nuestra parte. En términos legales, cuando hay un agravio se indica luego, una reparación civil o penal, vale decir, un desagravio.
Somos entonces los psicólogos y más específicamente los clínicos, seres muy culposos, malas personas, tal vez en nuestros orígenes, que luego necesitamos expiar culpas y nuestro paciente o cliente más bien nos ayuda en ello? Estas fantasías necesitan ser exploradas y elaboradas, ser conscientes a través de nuestro proceso terapéutico de que deseamos y requerimos rescatarnos y aliviarnos, tarea imprescindible para intentar una “ayuda” o intervención psicológica o psicoterapéutica. (Imagen de la mascarilla en el avión)

Todo ello nos conduce a reflexionar sobre la importancia de la salud mental, los trastornos del temperamento o del carácter y las condiciones personales en el estudiante de psicología como futuro profesional de la salud mental. Por ejemplo, la estabilidad sin llegar a la rigidez, es una cualidad sin duda muy requerida en el ejercicio de la profesión, pues el psicólogo está sometido a diversas presiones que no vienen sólo del exterior sino desde su registro interior respecto a lo que acontece en el entorno concreto y en su mundo de fantasía.

El supervisor interno propuesto por Casement es una figura interesante que condensa diversos personajes internos del terapeuta o del psicólogo, en este caso, desde su terapeuta personal, sus maestros y supervisores, sus autores preferidos y sus objetos buenos de su historia y su mundo interno. Todos ellos o todo ello nos acompañan en la, a veces solitaria y en ello paradójica tarea, de encontrarnos con otro ser humano, en alguna medida y en alguna forma aquejado de algún sufrimiento o requerido de alguna forma de intervención psicológica, vale decir, no sólo clínica.

La expectativa, la esperanza y una dosis de optimismo son también imprescindibles no sólo para que el estudiante o el psicólogo se rescaten del riesgo de una suerte de melancolía o agresión autodirigida, sino para conectarse y transmitir lo vital, lo libidinal diríamos, imprescindible en el encuentro con uno mismo y con el otro. Como diría Hugo Bleichmar, que la rigurosidad de la técnica no impida el placer del encuentro entre dos miradas, como una suerte de complicidad mutuamente vitalizante.

CHARLA PARA LA UNIVERSIDAD DE LIMA, Mayo 31, 2007

sábado, 30 de septiembre de 2006

Diversidades en la clínica Latinoamericana

Desde sus inicios el CPPL se ha caracterizado por su creatividad, su búsqueda de dar respuestas diferentes, conscientes del rol que desempeñamos como profesionales de la salud mental en un país marcado por las desigualdades, no sólo de tipo social sino, y por sobre todo, de tipo cultural. En el Perú no se puede hablar de una nación peruana sino de múltiples etnias y culturas, cuyas diferentes cosmovisiones son un reto al momento de hacer algún tipo de intervención psicoanalítica.

Ya hemos mencionados en encuentros anteriores que la salud mental en el Perú se encuentra en alguna medida en manos de Chamanes y Curanderos.

Es por ello que, tal como afirma Pedro Morales, actual director del CPPL, tenemos que reflexionar en torno a nuestros axiomas técnicos sobre la psicoterapia psicoanalítica que practicamos. Tenemos que tener la valentía de evaluar, y el coraje de ejecutar, los ajustes técnicos que se requieren para poder estar en condiciones de atender a nuestra población, desde su particular y específico modo de mostrarnos su sufrimiento, a través de una sintomatología que señala ausencia de figuras paternas, alcoholismo y depresión, violencia familiar (agresión física a la mujer y al menor), abuso sexual, desarraigo producto de las migraciones, poco cuidado y sostén del menor, producto de familias numerosas con niños que deben aprender a sobrevivir con sus propios recursos, desnutrición endémica, corrupción, discriminación racial, etc.

Es por ello que al instalarse el Departamento de Proyección Social, un servicio psicoterapéutico confiable apropiadamente diseñado para personas de escasos recursos, éste tiene el éxito que ha demostrado a lo largo de (tener luego de) 17 años de funcionamiento ininterrumpido. Desde los primeros pacientes que llegan buscando una atención más personalizada, luego de escuchar el programa radial del Dr. Fernando Maestre, hasta hoy, donde los pacientes del ahora Departamento de Servicios Especializados llegan por referencias de terceros, remisiones de colegas, convenios con instituciones, “mucha agua ha pasado bajo el puente”.

La historia de este servicio se inicia ante la necesidad de responder a la demanda de las personas que empiezan a llegar al local del CPPL. Esto generó la necesidad de organizar a un equipo de terapeutas a partir de los egresados de nuestra Escuela y de alumnos avanzados de la misma. Ello, tal como Morales afirma, “era un acoplamiento de mutuos intereses, los de atención y los de formación”.

Sin embargo, surgió acá una dificultad que perduró por mucho tiempo. Hasta entonces, habíamos formado terapeutas con orientación analítica, con una mirada casi exclusiva en procesos de tiempo abierto y en normas técnicas propias del psicoanálisis. Prácticamente todos los supervisores eran analistas, sin mucha apertura hacia tratamientos breves o focales. Por entonces, el índice de “deserción” reportado era bastante alto. Sólo alrededor del 30% de los pacientes estaba dispuesto a iniciar un proceso sin duración definida y eran muy pocos los que completaban el tratamiento.

Al comprobar que muchos pacientes apenas venían una o dos veces a la consulta, se buscó implementar el sistema de “entrevista terapéutica”, en el cual el terapeuta hacía devoluciones elaborativas o interpretativas, que favorecieran el manejo de la situación por la que consultaban, apelando a los recursos sanos del entrevistado. Esto motivó la investigación y la posterior publicación del libro “Diagnóstico con intervenciones terapéuticas. Psicoterapia breve a partir de la historia”, publicado por Olinda Serrano de Dreifuss, en el que se hace una detallada revisión teórica de los procedimientos terapéuticos acotados y se realiza el análisis de casos completos, llevados por algunas de las ocho personas que conformaban su grupo de investigación.

Simultáneamente, se fueron implementando variaciones en la propuesta curricular del Curso de Técnica, de manera que los formandos tuvieran una información más amplia sobre variables en el abordaje y en el desarrollo de las estrategias de trabajo. No fue fácil adecuar la técnica al paciente. Los terapeutas, en su mayor parte, mostraron resistencia y evidenciaron las dificultades propias de la falta de experiencia. Los supervisores demoraron en responder a la demanda de cambios, por lo que se producía un cierto divorcio entre la propuesta del Curso de Técnica y las supervisiones.

Hasta hoy ―y luego de dialogar con los supervisores― se ha hecho una serie de modificaciones, con inclusión de los datos y observaciones de nuestro equipo de investigación. Se pudo coincidir en la necesidad de incluir el trabajo basado en estrategias. Los lineamientos del Departamento de Servicios Especializados sostienen ahora un seguimiento del trabajo de los terapeutas y alumnos, con miras a contar con un mejor diagnóstico y disminuir los pasos que tenía que dar el paciente antes de llegar a su terapeuta.

En este sentido, resulta importante destacar el aporte del denominado “Grupo Corpus”, compuesto por ex alumnos destacados, que son convocados para atender, a algunos de los pacientes que llegan al servicio, en ambientes terapéuticos que recientemente se han instalado en el 2º piso de la institución. El equipo de Corpus cuenta además con psiquiatras y una asistenta social, con lo cual se brinda un abordaje multidisciplinario dentro de la institución, disminuyendo así la deserción observada anteriormente, producto de derivaciones que no se concretaban.

Se ha implementado un manejo de base de datos computarizado que permitirá hacer el seguimiento del paciente en el “a posteriori” de su tratamiento, para poder contar con un mejor registro de los efectos terapéuticos de los diferentes tipos de intervención.

Con ánimos de explotar mejor los recursos terapéuticos y hacer una labor intermedia entre lo preventivo y lo terapéutico, hace 8 años se comenzó a desarrollar encuentros de tipo taller, con una combinación informativa, vivencial y elaborativa. En estos talleres se atienden hasta 60 personas por vez. Se comenzó trabajando sobre patologías y temas como esquizofrenia, depresión, angustia, problemas de autoestima, situaciones cotidianas, problemas de pareja, etc. La metodología es la siguiente: el taller se inicia con una presentación estimulante motivadora del tema a trabajar, dividiendo luego al público en grupos de hasta 15 personas, dependiendo de la cantidad de gente y de terapeutas disponibles.

El grupo busca trasladar el tema a la experiencia de la persona, siendo el arte del conductor hacer un tejido que nutra la comprensión del problema y que, a la vez, ayude a encontrar soluciones, tarea para la cual sirve muchísimo el encuentro de los recursos sanos del mismo grupo. Eventualmente, por cierto, la recomendación es que, en algunos casos, se inicie un tratamiento, orientándolos hacia la forma de terapia que más les convenga.

Al final de cada taller, los grupos se vuelven a reunir y se intercambian las vivencias, reforzando los factores positivos que surgieron de esta experiencia y fomentando entendimientos reforzadores.

Se hizo un breve intento de seguimiento de uno de estos grupos, seis meses después de realizado el taller, y se obtuvieron los siguientes resultados: los pacientes que fueron abordados refirieron haber obtenido una serie de beneficios de aquella experiencia, manejaban mejor su problema y algunos habían comenzado una terapia. Se tuvo un caso muy especial, el de una paciente con esquizofrenia, cuya familia había modificado totalmente su trato hacia la paciente y hacia la enfermedad. Antes, la paciente se mantenía prácticamente incomunicada y encerrada en su dormitorio; ahora, comía en la mesa con el resto de la familia y participaba mucho más de la vida familiar y social. Algún mérito terapéutico se podía sumar, entonces, a los alcances preventivos naturales de la experiencia.

En los últimos años, se han realizado dos eventos de concurrencia abierta y masiva. Al primero se lo llamó “el día del diagnóstico”, evento gratuito que se realizó en el local del CPPL y que permitió que, más allá de la aplicación de tests y orientación a partir de los mismos, el público pudiera tener la experiencia de participar en talleres y, también, en el Cine Forum que todos los sábados se organiza en la institución. Fue una ocasión en la que los terapeutas pudimos disfrutar del placer del trabajo en conjunto y de la disposición amplia y creativa para la tarea.

El año pasado, se inició una experiencia muy enriquecedora, en búsqueda de una mayor flexibilidad en el manejo terapéutico, permitiendo la adquisición de diversas herramientas para el abordaje de los pacientes, como el psicodrama, el juego de roles, la ensoñación, la visualización, la expresión a través del cuerpo, etc. Esta experiencia ha sido denominada “Caja de Herramientas” y estuvo dirigida a los alumnos de la Escuela y a los terapeutas. En simultáneo, se abrió un espacio para el trabajo de “Psicodrama” con los pacientes y personas interesadas en el trabajo vivencial propio de esta técnica.

El entusiasmo de quienes participaron en la “Caja de Herramientas” tuvo su correlato en la continuidad del grupo de pacientes que asistían al “Psicodrama”, los mismos que han ido aumentando con el tiempo.

Parque Kennedy (www.hellolima.com)
Teniendo en cuenta estas experiencias previas, se programó, para el 7 de julio de este año, una jornada de trabajo denominada “El Día de la Consulta”. Se trató de un evento abierto y masivo, en el parque “Kennedy”, un espacio público aledaño a la municipalidad de Miraflores, en alianza estratégica con el propio Municipio y con una de las emisoras radio de mayor cobertura del Perú, Radio Programas del Perú.

Esta vez se brindaron, en simultáneo, consultas psiquiátricas y psicoterapéuticas, por medio de entrevistas personales breves, con devolución puntual, a la manera de una entrevista focal. Al mismo tiempo, se desarrollaron espacios grupales de encuentro con el público: talleres y coloquios para adultos, niños y adolescentes y sus padres.

Asimismo, se realizaron conversatorios sobre prevención del abuso de drogas (con apoyo de CEDRO, una prestigiosa institución local dedicada a desarrollar programas de prevención contra el abusa de drogas).

Desde el local de la Municipalidad, se transmitió en directo el programa radial “Era Tabú”, dirigido desde hace más de 10 años por el Dr. Fernando Maestre, luego del cual se realizó un coloquio con unas 250 personas, acogiendo sus preguntas y ayudando a comprender los problemas personales y familiares que iban planteando. Hubo muchas solicitudes de información sobre el trato hacia los hijos, pequeños y adolescentes, llegando a plantearse incluso problemas confrontativos, como el concerniente a las implicancias de las diferencias étnico-culturales.

Con apoyo de laboratorios farmacéuticos, se repartió material informativo escrito sobre diferentes patologías, y se pasaron videos ilustrativos sobre la enfermedad mental para la gente que esperaba su turno.

Por otra parte, el Equipo de Evaluación del CPPL aplicó pruebas de descarte cuantitativo de depresión y ansiedad. A otros, se les tomó una prueba de orientación vocacional. Todo ello derivó en devoluciones y orientación al público respecto a los resultados de las pruebas.

En total, se llegaron a dar 523 consultas individuales, y unas 700 personas  fueron atendidas en ágiles encuentros grupales y en los talleres, diálogos y coloquios mencionados. Para todo ello, contamos con la participación de alrededor de 100 personas vinculadas a nuestra institución.

Al evento llegaron personas procedentes de todos los sectores de la capital y de provincias. El sentimiento final de los solicitantes fue de satisfacción, en medio de una demanda tremenda por ser atendidos.

Estamos procesando la experiencia, pero una de las conclusiones es que la oferta de trabajo en grupos, de tipo coloquio o taller, resulta muy satisfactoria a los fines de ubicar a las personas frente a su problemática y poner en juego los recursos potenciales de los participantes.

La más grata de las conclusiones ha sido la de vivir una experiencia de trabajo con mística, con entrega total, con despliegue de voluntades y creatividad; la comprobación de que se puede ayudar, también, de esta manera. Ha sido un equipo de trabajo de raigambre analítica, fogueándose en la experiencia de enfrentar esta parte de nuestra realidad nacional y sus demandas, allí, en la calle, fuera del ambiente protector del consultorio, ante la masa interminable de gente, llena de demandas de atención. Ésta y otras son las razones por las que se piensa seguir organizando eventos de este tipo en diferentes lugares de nuestra ciudad.

En fin colegas, en CPPL seguimos trabajando con mucho Interés en la investigación y en la formación del terapeuta. Tenemos una inmensa labor por delante, conscientes de que no podemos negar o disociarnos de nuestra compleja y rica realidad.

CONGRESO INTERNO DE LA AEAPG
“LA CLÍNICA FREUDIANA 1895-2006”
Federación Latinoamericana de Asociaciones de
Psicoterapia Psicoanalítica Y Psicoánalisis (FLAPPSIP)

sábado, 5 de agosto de 2006

Pruebas Proyectivas y Psicoterapia Psicoanalítica

1. Las pruebas psicológicas y la psicoterapia psicoanalítica: una integración posible. Muchos colegas psicólogos, con el paso de los años, se "olvidan" de las pruebas psicológicas psicométricas y proyectivas, especialmente cuando se forman como psicoterapeutas psicoanalíticos. Esta dificultad para integrar ambos quehaceres puede interferir en la identidad del psicólogo y del psicoterapeuta. Esta integración, sin embargo, es imprescindible en función del estudio de casos y de la investigación, empírica y psicoanalítica, en ambas especialidades. Armonizar el ejercicio psicoterapéutico con la tarea como psicólogos, de investigar la conducta humana, es una experiencia sumamente enriquecedora. No "olvidemos", entonces, sino integremos.
2.- La creciente demanda; un problema más allá de la técnica.
Permanece viva nuestra antigua inquietud por buscar posibilidades de acceso a intervenciones psicoterapéuticas de orientación psicoanalítica en pacientes que, por diversas razones, no pueden acceder a tratamientos clásicos: largos y costosos. No requiere justificación la Psicoterapia Breve y Focal cuando "nos enfrentamos a una urgencia para responder en la actualidad ante la demanda ilimitada de ayuda psicológica, …problema que plantea exigencias éticas y de responsabilidad inmediata: ¿Cómo trabajar con personas de diferentes niveles socio culturales, sobre todo con los más deprimidos, sin perder la riqueza y complejidad de la técnica del modelo analítico? La propuesta que planteamos la concebimos como una "trasgresión creativa".


3.- Nuestra propuesta de trabajo: el diseño terapéutico
El "Diagnóstico con intervenciones Terapéuticas" (Tesis de Bachiller, PUCP, 1983) consiste en una evaluación psicológica (a partir de la historia y las pruebas) que deviene en un proceso psicoterapéutico de naturaleza breve y focal.
¿Cómo definimos el Diagnóstico con Intervenciones Terapéuticas (DIACIT)? Es un proceso a través del cual se "aprovecha" el tiempo y el encuentro, implícitamente terapéutico de toda evaluación, buscando explícitamente logros terapéuticos a partir de intervenciones respecto a la historia clínica y algunos aspectos de las pruebas psicológicas. Consiste en un espacio de verbalización, contención, escucha, autoobservación, señalamientos y, eventualmente, interpretaciones en búsqueda de insight. Todo ello al interior de un vínculo particularmente empático y de transferencia positiva sublimada, en pos de una sólida alianza terapéutica que posibilite tanto los resultados como el desprendimiento de este "breve" encuentro. Se combina el eje longitudinal de la historia con el eje transversal del motivo de consulta, "historiar focalizando" le decimos.
4.- Nuestro diseño de investigación: test, re test y criterio de jueces.
Con este objetivo, se llevó a cabo una investigación con diez pacientes en procesos de 12 sesiones, evaluados por una colaboradora con el test de la Figura Humana antes y después del proceso. (1983)
La propuesta es posteriormente replicada con un grupo de colegas y publicada en el 2001. Como en la primera ocasión, se les aplica a los pacientes el test de la Figura Humana antes y después del proceso. En esta ocasión, a la par de formar terapeutas en esta modalidad de trabajo bajo una forma de supervisión de sesión por sesión a todos los pacientes, se constituye así una validación por criterio de jueces.
5.- Resultados.
Se encuentra, nuevamente que, ambos diseños, el de psicoterapia breve a partir de la historia y el diseño de investigación empleado, son válidos.


6.- Discusión.
Cuando se presentó la publicación, M Raéz señaló lo siguiente: "Se utilizan dos técnicas de control para evaluar la presencia de logros terapéuticos: la confiabilidad de jueces, (más aún cuando se trata de 8 colegas y no sólo 3)... El otro criterio utilizado, el test de la Figura Humana aplicado al inicio y al final del proceso permite acceder a la validez, el otro eje de la investigación empírica. ... En el estudio vemos claramente (tales) cambios psicológicos. Comparando las figuras de María, la "muñeca de trapo", en el re test al finalizar el proceso, se modifican signos tales como el tamaño, el tipo de línea y la reestructuración de los dibujos, hallazgos que nos dicen que ya no es una muñeca, sino que está comenzando a afianzarse como persona. En Patty, "la santa inquisición", en sus primeros dibujos las figuras están encerradas: ojos sin pupila, cabello descuidado, imágenes vacías, en cambio el re test muestra personas con una mirada abierta, firmes y una sonrisa disminuyendo la hostilidad interpersonal. La emergencia de las capacidades yoicas es evidente y el super yo pierde su carácter aterrador. A través del estudio, en todos los casos, se demuestra comparando las pruebas, cambios significativos.
"El tiempo transcurrido entre la primera y segunda administración corresponde al que la psicometría exige para poder indicar que los cambios se deben a modificaciones de los temas en estudio y no a una mejoría para dibujar, producto del aprendizaje Por tanto, -señala Raéz- podemos inferir que los cambios observados representan los fenómenos modificados por el proceso terapéutico, variable en estudio, y los signos remanentes, los conflictos no resueltos Además, permiten una visión general y objetiva desde d conocimiento clínico de los potenciales de la personalidad descubiertos a través de la terapia y que aparecen en los dibujos independientes de las patologías."
7.- Conclusiones y propuestas:
Las psicoterapias de tiempo y objetivos limitados proporcionan logros terapéuticos evaluables desde una óptica empírica y psicoanalítica.
Las bondades del Test de la Figura Humana (confiabilidad y validez, economía de tiempo e insumes) lo constituyen en una prueba de elección para la evaluación de resultados tonto en la practica clínica institucional como privada.
Proponemos enfatizar en el seguimiento posterior al alta (en todo tipo de proceso), la investigación y la publicación de nuestras experiencias clínicas, modos éstos imprescindibles en el cotejo de nuestros afanes clínicos.
Proponemos motivar e impulsar las investigaciones de procesos terapéuticos con pruebas psicológicas y criterio de jueces. Quedan muchas sugerencias sobre el tapete: "investigar con grupos distintos en edad y género, -planteaba M. Raéz- ... patologías diversas, tal vez usando Rorschach cuando se trate de comparar procesos más complejos o en los que se desee visualizar matices más específicos de la personalidad"
XIII CONGRESO LATINOAMERICANO DE RORSCHACH Y MÉTODOS PROYECTIVOS
2-5 de Agosto de 2006
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